Probamos el Opel Mokka, un pequeño crossover que aporta muy gratas sensaciones

El Mokka es un SUV deportivo o crossover que ha significado muchas cosas para Opel. Por una parte, una revolución de “concepto” con respecto a su predecesor, el Mokka X, que era un SUV de corte clásico. Por otro, un cambio radical en el lenguaje de diseño, que tras el Mokka se está empezando a ver en prototipos y otros modelos de nueva factura, como el Astra que está próximo a comercializarse.

El caso es que este crossover, que utiliza la misma plataforma que el más reciente Corsa, no es una mera “replicación” de un SUV en tamaño pequeño, sino un modelo diferenciador que atrae desde el primer momento.

Con solo 4,15 metros de longitud y 1,79 de anchura, la altura se queda en 1,53 metros, lo que significa que es más alto que un utilitario y menos que un SUV convencional. Esto le permite tener una posición más alta de conducción, pero sin pasarse, lo que redunda en mayor equilibrio y estabilidad.

Por tanto, este Mokka se circunscribe en ese grupo de crossover deportivos al que pertenecen, por citar algunos, el Puma de Ford, el Stonic de Kia, el Kona de Hyundai o el muy reciente Yaris Cross de Toyota, pero con interesantes características propias.

El frontal es todo un ejercicio de estilo por sus marcadas líneas horizontales, con una ancha franja opaca en negro que queda por encima de las tomas de aire. La marca lo ha bautizado como “Opel Vizor”, y desde luego el efecto, potenciado por las luces LED también muy horizontales, es de lo más vistoso.

Todo el conjunto se muestra compacto y robusto, y el perfil se distingue por las grandes ruedas y una cintura bastante ancha. La parte trasera es elegante, con un portón de dimensiones contenidas y de nuevo unos faros horizontales que dan sensación de aplomo.

En el interior Opel presenta unos elementos plásticos de buena calidad que, en este acabado GS Line deportivo, aportan color y un ambiente bastante desenfadado que se agradece.

El cuadro de instrumentos es digital y con varias opciones de configuración, y a su derecha su ubica la pantalla del sistema multimedia bien orientada hacia el conductor. La interfaz es rápidamente asimilable, y además se ayuda de seis botones “físicos” que simplifican su manejo en general.

El volante multifunción tiene un diseño deportivo, con la base “achatada”, y el tacto es muy agradable al estar forrado en piel. También llama la atención el diseño y el colorido de los asientos, que recogen bien el cuerpo. El resto de las plazas, teniendo en cuenta el escaso tamaño del conjunto, es suficientemente amplio, y además hay disponible un maletero con 350 litros de capacidad detrás que resulta bastante útil por sus formas.

Puestos en marcha, el motor gasolina de tres cilindros y 1,2 litros turbo emite un suave rumor que apenas llega al interior, y además las vibraciones son mínimas. Solo cuando se acelera con decisión el sonido se hace más patente, pero es bastante agradable e incluso acompaña a la sensación de deportividad que aporta este coche en general.

Con 130 caballos, la sensación de potencia del motor parece mayor, y además se puede aprovechar en un rango amplio de revoluciones. El cambio automático de 8 velocidades responde con prontitud a cualquier demanda, sobre todo en el modo de conducción “Sport”, uno de los tres disponibles junto al “Eco” y “Normal”.

El mando que gestiona el cambio es un pequeño selector situado en la consola central, el mismo que tienen otros modelos de Stellantis, como el Citroën C4, por ejemplo, pero también se puede “gobernar” de forma manual mediante las pequeñas levas situadas en el volante.

Además de notarse la potencia, este Mokka se sustenta sobre el asfalto con mucho aplomo y agilidad, primero porque no es un coche demasiado alto, como decíamos al principio, y segundo porque la puesta a punto del chasis y la suspensión es más firme de lo normal, pero a nuestro juicio no resulta molesto en ningún caso.

En cuanto a consumo, el gasto medio de gasolina durante nuestra prueba fue de 7,1 litros, una cifra casi un litro superior a la media homologada por la marca, pero en un uso cotidiano, si no se abusa de acelerones, es fácil obtener medias de 6,5 litros sin demasiado problema.

El acabado GS Line tiene una clara vertiente deportiva, y por eso se asocia a las mecánicas más potentes, incluida la eléctrica (Mokka-e). El precio arranca en los 25.200 euros de la versión manual, pero con el muy recomendable cambio automático de 8 velocidades, ya hablamos de 27.000 euros. Si se opta por el nivel de equipamiento más completo, GS Line Plus, como era el caso de la unidad probada, la factura se eleva hasta los 27.847 euros, una cantidad algo superior a la sus rivales con similar potencia y equipamiento.

A cambio de esa cantidad, no obstante, la dotación de serie es bastante interesante, pues no faltan elementos importantes como los faros LED, llantas de aleación de 18 pulgadas, pintura bitono, sensor de lluvia, cuadro digital, sistema multimedia con pantalla de 7 pulgadas, climatizador, cámara de visión trasera, control de crucero adaptativo o asistente de conducción activo.

Motor: gasolina.

Potencia (kW/CV): 96/130.

Cambio: automático, de 8 velocidades.

Largo (mm): 4.151.

Ancho (mm): 1.791.

Alto (mm): 1.534.

Maletero (litros): 350.

Velocidad máxima (km/h): 200.

De 0 a 100 km/h (seg.): 9,2.

Consumo medio (l/100 km): 6.

Emisiones CO2 (gr/km): 135.

Precio (euros): 27.847 euros.


Source: Coches

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